ECONOMÍA SOLIDARIA

Los antropólogos distinguen tres tipos de intercambios humanos:

*El RECÍPROCO, regido por el principio de gratuidad voluntaria, en el que no se especifican ni el tiempo, ni la cantidad de favores o bienes que se otorgan, sin ninguna exigencia de devolución. El acento está en el DAR, el RECIBIR es una consecuencia espontánea de ese continuo don de unas personas a otras. Este tipo de intercambios se da –debiera darse siempre- en la familia y en los pequeños grupos donde se vive una gran intimidad.

*El REDISTRIBUTIVO que consiste en la reunión de bienes en un lugar central para ser posteriormente distribuidos entre las personas, atendiendo a sus necesidades.  Constituye un margen extra de seguridad para las penurias de todas clases.  Como antecedente, podríamos remontarnos al Antiguo Testamento con los siete años de vacas gordas y otros siete de vacas flacas, en la historia del patriarca José en Egipto.  Modernamente, se encuentra realizado en el llamado Estado del Bienestar con sus prestaciones sociales. Su espíritu original exige que por vía impuestos o `por cotizaciones se acumule un caudal para atender esas necesidades. Se desnaturaliza sus esencia cuando se acude a una vía de capitalización, pura o mixta. La sanidad es cubierta por las aportaciones de los sanos hacia los enfermos, La jubilación por las de los activos a los pensionistas. El subsidio de paro por la de los que trabajan a los desempleados. La educación por las de los adultos a los jóvenes. Y así con todas las demás.

* El ECONÓMICO, que se refiere a bienes escasos que se producen para obtener un beneficio. Superada la pura economía de subsistencia, apareció el mercado para intercambiar los productos obtenidos. La primera forma de intercambio fue el trueque hasta la invención del dinero. Dentro de este tipo, podemos distinguir tres sectores: el público, el privado  y el social.

 

La revolución liberal  instalada en el poder político, mermó la capacidad pública de regular la vida económica, haciendo del mercado su eje central y convirtió la tierra, el trabajo humano y el dinero en mercancías. La igualdad teórica ante la ley, con olvido de las diferentes posiciones en la posesión de la riqueza y el contrato individual como única fuente de derecho privado son sus objetivos básicos. Ello lleva consigo privilegiar la intermediación financiera, anular el sector  público de la economía y minimizar el social.

 

El dinamismo de la economía capitalista y la globalización han producido las enormes desigualdades entre un norte rico y un sur empobrecido y un cuarto mundo de miseria dentro de aquel. Para luchar contra esa situación, en Bangla Desh surgió el fenómeno de los microcréditos. A personas emprendedoras, principalmente mujeres, se les conceden pequeños préstamos que le sirven para emprender una actividad económica y sacar adelante a sus familias. Este modelo de préstamos se extendió a todos los continentes y también al primer mundo. Se intenta con ello, dar salida a las inquietudes de pequeños ahorradores que tienen sus dineros en entidades bancarias o cajas de ahorro y desconocen el empleo que de ese dinero hacen estas instituciones para sacar la máxima rentabilidad, muchas veces en empresas con una finalidad que contradice claramente la adscripción ética de esos ahorradores. Con ello quieren controlar ese destino y forjar pequeñas empresas de economía solidaria, muchas veces familiares, que busquen la igualdad en el trabajo, la cooperación, una apuesta por el empleo digno, la supeditación del lucro a las personas y la promoción de un desarrollo medioambiental sostenible. En definitiva, empresas del tercer sector de la economía, donde el capital esté subordinado a las personas, basadas no tanto en la competitividad sino en la cooperación, en la satisfacción de necesidades reales, no provocadas artificialmente por la publicidad, y en las que  se realice la colaboración leal entre trabajadores, proveedores y consumidores.

 

¿Qué posibilidades de transformación socio-económica profunda pueden esperarse de estos proyectos de Economía Solidaria?. La realidad es que pocas y a largo plazo. Tropiezan con grandes dificultades: La primera es la escasez de personas emprendedoras, que asuman el riesgo de iniciar una actividad económica de estas características, convirtiéndose en empresarios. La mayor parte de la población prefiere acudir al mercado de trabajo en condición de asalariados o la búsqueda de un empleo en el sector público. La segunda son las trabas genéricas que el capitalismo pone a actividades de este tipo. En tercer lugar, la falta de apoyo por parte de los Gobiernos que en la mayor parte de los casos vienen a ser testaferros del gran capital. Y por último, hay que destacar la escasez de Bancos o Cooperativas éticas, que con el mismo espíritu se lancen a apoyar este tipo de iniciativas. No es de extrañar que el peso del tercer sector en el conjunto de la economía sea mínimo.

 

No olvidemos además el marco en el que estamos viviendo, una crisis económica muy compleja y global, compuesta de varias dimensiones importantes;

*Financiero-económica: Creciente separación entre la economía real y la financiera, con incremento de las transacciones financieras, acelerado por interconexiones electrónicas planetarias multiplicando el dinero disponible y alcanzando un volumen monetario exageradamente mayor que el importe de la economía real. Se abrieron enormes posibilidades de ganancias mayúsculas y ultra rápidas y las inversiones acudieron febrilmente a este campo, abandonando en gran parte la financiación de las actividades económicas clásicas.

*Energética: La era de los combustibles sólidos baratos se está acabando. Y seguimos invirtiendo poco y descoordinadamente en energías alternativas y renovables.

*Ecológica. La contaminación del suelo, de las aguas y del aire se agrava con sus consecuencias más palpables: pérdida progresiva de la biodiversidad, acelerado cambio climático, aumento de enfermedades y pandemias.

 

El fundamento de todos esos hechos es una profunda crisis de valores. El neoliberalismo trajo consigo la superación de la ética calvinista, propia del capitalismo anterior. La codicia desenfrenada y a corto plazo -con un fuerte desprecio hacia las necesidades de las generaciones futuras- fue estimulada desde los centros creadores de opinión, y se orientó hacia un pensamiento único que desprecia toda otra orientación ideológica. La caída del muro de Berlín, con el derrumbamiento de los sistemas comunistas y de las falsas esperanzas que habían suscitado y el repliegue medroso de los sindicatos occidentales y de la socialdemocracia, dejaron a este sistema sin enemigos, externos o internos. Sus dogmas de privatización a ultranza, desregulación laboral y comercial, globalización, abandono del ahorro previo por un consumo desaforado alentado por endeudamientos masivos, calaron totalmente en el corazón de las masas que aceptaron sumisamente el individualismo consumista a ultranza.

 

Estas dimensiones planetarias de la crisis, tienen en España  dos características que la agravan: las patrimonialización del Estado, con sus 17 autonomías, por los partidos políticos con el consiguiente desmadre de un sector público sobredimensionado, descoordinado y estéril, atento más a la colocación de los partidarios que a la satisfacción de las necesidades ciudadanas y  el modelo de desarrollo, impulsado desde el poder político, apresurado y ficticio que se basaba en: una gigantesca construcción de viviendas, una industria del automóvil, filial de las empresas matrices y el turismo. Estos tres sectores precisaban mucha mano de obra muy especializada y no muy cualificada –lo que la hace difícil su recolocación-. La crisis les ha afectado especialmente, de ahí la destrucción ingente de puestos de trabajo, sangría que aún no ha acabado.

 

Y la medida más urgente que han tomado los gobiernos occidentales, sin excepción,  ha sido volcar las arcas públicas en una lluvia de miles de millones en ayuda de las instituciones financieras, responsables en gran medida del desastre.  Pero se han dedicado a taponar con esos fondos sus agujeros de liquidez, mientras siguen repartiendo dividendos a sus accionistas y sus directivos cobran sus cuantiosas remuneraciones y prebendas, bien situadas en paraísos fiscales. La segunda medida ha sido incrementar las obras públicas para crear puestos de trabajo, estimular la economía y acelerar la salida a la crisis. Y la tercera y más estúpida discriminación con otros sectores industriales es la de las subvenciones para la compra de vehículos. A ello, se une la ofensiva conservadora por una mayor liberalización de la economía, el desmantelamiento progresivo del Estado del Bienestar y la reducción de los impuestos. Con ello auguran una salida más rápida de la crisis.

 

Sólo una acción política de signo distinto puede realizar las necesaria transformación, pero aplicada desde instancias supraestatales. Responder al desafío de las multinacionales no pueden hacerse en el marco de los Estados nacionales. Urge acabar con los paraísos fiscales, implantar la tasa Tabin sobre las trasferencias financieras internacionales, consagrar el derecho a la nutrición básica y al agua potable como fundamental para todos los habitantes del planeta, establecer salarios máximos y rentas básicas de ciudadanía, afrontar el reto del cambio climático, promover el decrecimiento económico de las sociedades opulentas, etc., etc. Hay que inventar una ideología a la altura del siglo XXI, aunque no ignore las raíces de donde se nutre, y volcarla en fuerzas políticas y sindicales, no cegadas por el espejismo del corto plazo…

Pedro Zabala Sevilla

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