¿Dónde va la SANIDAD RIOJANA?.

INSANIDAD RIOJANA

  Mens sana in corpore sano (Juvenal, Sátiras X, 356). Con esta máxima ya los antiguos latinos (siglo I) mostraban su honda preocupación por la salud como soporte básico del bienestar y plenitud humanos, manifestando que el único favor que debía pedírsele a los dioses era que les fuera concedido un espíritu sano en un cuerpo sano.

 Panorámica del Hospital de La Rioja. Foto: FedeHan transcurrido cerca de dos mil años y esta inquietud no ha hecho sino aumentar con el paso del tiempo, de tal forma que del plano meramente individual ha ido trascendiendo hacia el ámbito de lo institucional, deviniendo hoy en uno de los pilares básicos de lo que en nuestros días se ha venido en llamar Estado de bienestar.

     En España, al igual que en el resto de los países de nuestro entorno más inmediato, las políticas desplegadas en materia sanitaria han ido desarrollándose en función de las necesidades concretas que, en cada momento, la sociedad ha venido reclamando, en un proceso de evolución continua dirigido a la consecución del sistema más eficaz y eficiente posible.

     Tras la asunción por parte de las Comunidades Autónomas de las competencias en materia sanitaria, se han puesto de manifiesto las pequeñas o grandes carencias de las que, en cada región, adolecen nuestros respectivos Servicios de Salud. Y La Rioja no es una excepción.

     Listas de espera demasiado largas y que, en determinadas especialidades, incluso se llegan a “cerrar” para que no engrosen más de lo políticamente correcto, médicos de Atención Primaria que a duras penas pueden conceder cuatro o cinco efímeros minutos a cada uno de sus pacientes, o el siempre incontrolado incremento del gasto farmacéutico (que engulle el treinta por ciento de nuestro presupuesto sanitario), no son sino alguno de los ejemplos más sangrantes de los problemas con los que se enfrenta la sanidad riojana y que claman vehementemente por una profunda revisión de la política sanitaria en nuestra región. A nadie nos es ajeno que las disponibilidades presupuestarias de cada ejercicio actúan como eterno freno a la hora de tomar medidas innovadoras en esta materia, pero a tan sólo dos años de unas transferencias sanitarias cuya dotación económica, al decir de nuestros dirigentes regionales, fue una de las mejores de España, no parece que el presupuestario sea el único (ni el mayor) de los problemas con el que nos encontramos los riojanos.

     El Presidente de ésta nuestra Comunidad y los máximos responsables de la sanidad riojana, parece que han encontrado el remedio para todos nuestros males en la ejecución de una política liberal de “externalización” de la gestión de nuestros servicios públicos sanitarios, en el convencimiento de que la gestión privada de nuestra sanidad la va a hacer más rápida y eficiente. A este respecto, y al margen de cuestiones terminológicas muy debatidas en los últimos meses (externalización/privatización), no puedo por menos que poner en duda, no la buena intención de nuestros políticos, sino las certezas en las que se fundan para tomar tales decisiones.  Ejemplo de la "Externalización" de la Sanidad Riojana. Foto: Fede

    La eficiencia de un sistema se mide, básicamente, en función de dos parámetros, cuales son dar el mejor servicio posible al menor coste posible. Pues bien, como ha venido ocurriendo en otras Comunidades, con la entrada de empresas privadas en la gestión de la sanidad pública la formula quiebra. En primer lugar, porque dichas empresas siempre van a tender –como es lógico- a la consecución del mayor beneficio económico posible, lo que a la larga conlleva unas políticas de personal cada vez más restrictivas con el consiguiente deterioro en la calidad asistencial: no se da el mejor servicio posible. En segundo lugar, es evidente que el beneficio económico que tales empresas consiguen por su labor gestora, lo obtienen a costa de dotaciones presupuestarias que, engrosadas por nuestros impuestos, podrían redundar, por ejemplo, en nuestra sanidad publica en vez de ir a parar a unas manos privadas que en definitiva se lucran haciendo el trabajo que nuestros gestores públicos no hacen: esto es, el servicio tampoco se da al menor coste posible.

     No se entienda esto como un alegato contra la sanidad privada. En absoluto. Pienso que es recomendable, e incluso necesaria, la presencia del sector privado en el ámbito de la salud, aunque sólo fuera por posibilitar la libertad de elección de los ciudadanos. Pero cada una de ellas debe tener su parcela propia, y en las coordenadas del Estado social en el actualmente nos movemos pienso que la  iniciativa privada debe complementar a la publica, llegando donde ésta no lo puede hacer, pero en ningún caso debe sustituirla.

Javier De Hoyo Martínez

 

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